CONDRIEU Y CÔTE RÔTIE REVISITADOS


noticias del vino

Es asombroso comprobar el cambio acontecido en el norte del Ródano en los últimos años, incluso con la temida autopista que romperá el idílico paisaje presidido por las escarpadas laderas con el granito como protagonista. Aquel inicio de la revolución del Ródano con los vinos memorables de Guigal que nacían de viñas de seis o siete años con la nueva idea de concebir el terruño vinificando cada viña por separado... Se rompía cualquier teoría sobre la imposibilidad de crear un vino universal con viñas jóvenes.

 
Hoy las tendencias son distintas y variadas; muchos de los pequeños propietarios de viñas que vendían su uva a los grandes 'négociants' se han convertido en elaboradores de su propio vino. El número de elaboradores crece sin parar e incluso los lugares donde se ha plantado en estos últimos años no son los más idóneos. 
Los cambios en cuanto a viticultura y trabajo en bodega han sido importantes; aquellos vinos sucios con un recuerdo donde predominaba la descomposición animal han dado paso a una definición frutal mayor y una búsqueda del carácter incomparable de sus suelos. En algunos el discurso de la madera nueva ha calado tan hondo que predomina sobre el resto de componentes. Una nueva generación ha llegado, a los históricos se les han sumado unos viticultores jóvenes con ganas de alcanzar las más altas cotas y experimentar en la búsqueda de las diferentes realidades. 
 
Un pequeño grupo, junto a Joan Valencia, tuvimos la oportunidad de catar una gran mezcla de añadas con un 2003 caluroso, opulento con resultados que van de lo excepcional a lo vegetal sin plena maduración fenólica. La 2004 es cosecha donde los verdaderos trabajadores de la viña recogerán sus frutos. Aquel que haya recolectado gran cantidad de uva sin seleccionar tendrá vinos con un carácter vegetal dominante y una acidez que difícilmente se integrará. Mientras los buenos productores nos harán disfrutar de vinos elegantes, finos con gran profundidad aromática sin un cuerpo exultante pero frescos y equilibrados con una acidez marcada y magnífica capacidad para envejecer. 
 
 
Gérin, el más travieso.
 
Jean-Michel Gérin es propietario de pagos extraordinarios: La Landonne o Grandes Places son el mejor ejemplo. Posee 2 ha en Condrieu y 8 en Côte-Rôtie, de donde sus vinos conjugan la tradición con un toque moderno. Con una bodega construida en 1983 (su primera añada comercializada fue 1987), comenzó con sólo 3 ha de viñedo y compró parcela a parcela, construyó terrazas y recuperó los viejos muros de piedras sobre las alucinantes pendientes escarpadas. Hizo un trabajo duro, ejemplar en su creencia de la capacidad de sus suelos para producir grandes vinos. 
 
Gran aficionado al rugby y tipo afable y travieso como es conocido por sus colegas, para Jean-Michel lo más importante es la búsqueda del placer del consumidor: que pueda finalizar la botella sin esfuerzo. Sus vinos son suntuosos, nacidos de grandes viñedos que deben demostrar todas las añadas su calidad intrínseca. La bodega es modesta, austera, casi espartana donde ha instalado aire acondicionado para crear un mejor habitat para sus vinos. 
 
Elabora el condrieu La Loye (12 meses en barrica): gran diferencia entre un graso con frutas de hueso y miel 2003 y un 2004 más fino, elegante, herbáceo y floral donde destacan los aromas a cítricos, lavanda, heno e hinojos. Entre los tintos, los côte-rôtie hacen una larga maceración de 25 días y la maloláctica en barrica. Pasan 24 meses en madera nueva. El Champin Le Seigneur nace del ensamblaje de todos sus viñedos con excepción de La Landonne (terreno pizarroso con esquistos y despalillado con 30 días demaceración) y Grandes Places (granítico). En el vino base utiliza un 10% de viognier y en los dos pagos sólo syrah. Existe un gran contraste entre la finura, elegancia y delicadeza de La Landonne con un toque animal desde su juventud tan característico de la variedad y el poderío con su carácter especiado y mineral de Les Grandes Places. 
 
Entre las añadas, gran diferencia entre el caluroso y denso 2003 frente a un 2004 con muy buena acidez y excelentes aromas. 
En sus vinos hay una constante y es que se siente la influencia de la madera menos que antaño y mantienen clase. 
 
Junto a Combier (Crozes-Hermitage) y Peter Fischer (Aix-en-Provence) es propietario de Trío Infernal, la bodega del Priorato de reciente estreno con su debate polémico entre qué tipo de suelo respeta más al terruño, los 'costers' (laderas) o las terrazas, decantándose por lo primero. 
 
 
Les Vins de Vienne, la historia.
 
El terruño más antiguo del Ródano y, también, el menos conocido es el que hoy ocupan los Vins de Vienne. Fuera de cualquiera de las denominaciones de origen del Ródano, es el viñedo que se encuentra más al norte –en la margen izquierda del río, la misma que Hermitage -, ya en las proximidades de Vienne. 
 
Cuilleron, Villard y Gaillard encontraron unas ha de viñedo que la tradición -y los libros- demostraban que ya existía desde la época de los romanos. La pendiente es pronunciada, como la 'ladera asada' (Côte-Rôtie), erguida, de frente con el río y la autopista como barrera infranqueable. 
 
La bodega conjuga los vinos de los viñedos propios con los de negociante de diferentes denominaciones del Ródano: desde un frutal y expresivo Châteauneuf-du-Pape elaborado con garnacha en su totalidad a Côtes-du-Rhône, Saint-Joseph, Cornas, Hermitage, Condrieu, Côte-Rôtie y su vino estrella el Sotanum que es el syrah más septentrional. Una parte de los vinos están amparados bajo el paraguas de Vin de Pays des Collines Rhodaniennes. 
Tampoco falta el Transhumance, un Côteaux-du-Languedoc. 
 
Después de unos inicios dubitativos donde predominaban los vinos 'fashion' con un carácter excesivamente internacional y con la madera demasiado presente; los tiempos hicieron reflexionar a sus propietarios y cambiar algunos conceptos cambiando la filosofía hacia una más concienzuda búsqueda del terruño, hacia una utilización de la madera más medida y con menos proporción de barricas nuevas – gran problema cuando sale al mercado la primera añada y todo es nuevo- y unos vinos más auténticos que representen con mayor fidelidad la esencia del territorio. El enólogo es Pierre-Jean Villa, hijo de un español de la zona levantina. 
 
 
François Villard, el moderno.
 
François Villard es uno de los bodegueros más inquietos del Ródano. Le gusta probar todo tipo de vinos para calibrar donde se encuentran los suyos. Perilla en ristre con pinta de joven de mayo del 68, es cocinero de profesión, dejó su trabajo para dedicarse a su gran pasión nunca oculta que era el vino. Busca un estilo insultántemente moderno que fusione todos los componentes del vino. Le gusta innovar y buscar, experimentar siempre con la calidad como referente. 
 
Su vino más aclamado es un Saint-Joseph Reflet que tiene hechuras de Côte-Rôtie de categoría. Poderoso, sin olvidar la finura, envejece 22 meses en barricas nuevas. 
 
Hay que mencionar los dos viogniers: el Condrieu Deponcins, contundente y untuoso, que tiene una crianza de 12 meses en barrica, y el Quintessence, un viognier dulce y concentrado no exento de acidez. Villard también elabora un experimento de vino dulce a base de viognier, marsanne y syrah de vendimia tardía. 
 
También encontramos algunos Vin de Pays interesantes; Les Contours de Deponcins (viognier con cinco semanas de fermentación en barricas nuevas y después pasa a cubas), un syrah y una curiosa mezcla de merlot, cabernet y syrah. 
Un Saint Joseph Mairlant blanco (roussane 70% y marsanne 30% con 6-8 meses de roble) y un Côte-Rôtie Le Galet Blanc muy poco conocido con un carácter muy especial. 
 
 
Domaine Combier.
 
Laurent Combier es uno de los elaboradores más prestigiosos de Crozes Hermitage. Su bodega se encuentra a medio camino entre Pont-de-l’Isère y Tain L’Hermitage, cerca de Jaboulet. Son 45 ha de viñedo de agricultura biológica y ecológica de la que fue uno de los pioneros en la región. El 85% está destinado a uva tinta y el 15% restante a blanca (marsanne y roussane). También posee una hectárea en Saint Joseph. 
 
La joya de la corona es el Clos des Grives que elabora en blanco (100% roussane) y en tinto donde, añada tras añada, es uno de los mejores Crôzes-Hermitage. Es un ensamblaje de pagos preferentemente graníticos con claros y nítidos aromas de aceitunas, cassis, especiados y balsámicos donde el carácter mineral domina. 
 
El Clos des Grives blanco es un monovarietal de roussane que fermenta en barricas nuevas y resulta graso, denso con peso y el alcohol presente. No le sobra acidez y es un vino difícil con vida por delante. 
 
También produce otros Crôzes-Hermitage que no alcanzan el nivel del anterior y un vino llamado Torride (pura confitura de ciruelas) sólo producido en añadas calurosas y donde va a parar aquello que no ha encontrado lugar en el Clos des Grives. 
 
 
Jamet, el maestro.
 
Jean Paul Jamet es un tipo intrigante, silencioso, parece tímido, hierático y distante a primera vista pero cuando comienza a explicar los pagos, cada terruño con sus características y los distintos ensamblajes, su cara cambia; habla con pasión de algo que vive como propio: es el 'maestro' para sus colegas. Siempre habla de forma medida sin precipitarse, pensando cada palabra que pronuncia con un mital de voz nada estridente. Su expresión es decididamente diferente cuando selecciona alguna botella antigua para compartir con los invitados. Se detiene, escancia el líquido con pasmosa parsimonia y mira impertérrito la cara de cada uno de los visitantes para comprobar su reacción, sabiendo de la calidad de lo ofrecido. Recuerda a aquel hombre impasible de 'El Extranjero' de Camus, de nombre Meursault. 
 
Sus 8 ha de viñedo están repartidas entre 25 parcelas diferentes, algunas de ellas muy pequeñas de las que surgen 30.000 botellas, siempre de los suelos predominantemente pizarrosos de donde proviene la uva en la Côte-Brune. Cada pequeño pedazo de tierra lo vinifica por separado para finalizar con un ensamblaje de las distintas barricas. 
 
Nos hizo una instructiva cata de unas cuantas cuvées de la añada 2004; es fantástica la división parcelaria que hace según tipologías de suelo: comenzamos con una cuvée de 2 trozos de tierra pizarrosos, seguimos con otro proveniente de terrenos de esquistos, continuamos con otra mezcla de parcelas incluida La Landonne con una complejidad digna de los grandes vinos... pasamos de una con predominio de los aromas florales a otra de mayor finura y elegancia o catamos una con un cuerpo más presente. Es un trabajo casi matemático donde la improvisación sólo nace del conocimiento, como diría el gran actor-director francés Louis Jouvet. Recuerda a la perfección formal de cualquiera de las magnas obras del gran Juan Sebastián Bach donde todo tiene un porqué y está situado en su lugar. 
 
Usa barricas con tres o cuatro años porque no le gustan ni los aromas ni los sabores a madera sino que se sienta con nitidez cada parcela con sus características propias e intransferibles. Muestran aromas de aceituna, regaliz, fruta negra, flores (violeta), ahumados y un ligero toque cárnico. 
 
El fin de fiesta fue un excelente 91 con tapenade, violetas, menta, humus, mineral, profundo en nariz. En boca es fresco, vivaz, largo, denso y fino con una insultante juventud muestra de la vida que le queda por delante. 
 
Atención a la espléndida añada 2003 en los vinos de Jamet: opulenta, rica, profunda con la personalidad que caracteriza a la casa y con una gran complejidad. 
 
 
Yves Cuilleron, hombre de nuestro tiempo.
 
Yves Cuilleron nos recibe en su bodega un domingo cuando finaliza la mañana. Es un hombre joven, de mediana altura, cordial, tranquilo, impasible de pocas pero medidas palabras que no sube nunca el tono de voz. Los comienzos se remontan a su abuelo que fue un viticultor visionario en su época que en la dura posguerra se atrevió a embotellar su propia producción, algo considerado como locura en aquellos tiempos, mucho antes que cualquier otro colega. El padre de Yves, no continuó con el negocio debido a la crisis en que se encontraba sumido el sector por esos años mientras fue su tío quien mantuvo la antorcha familiar. En el año 1986, su tío quiso dividir y vender la propiedad porque no tenía herederos. Aquí encontró su oportunidad el joven Yves. 
 
Nos va desgranando la historia dándonos datos relacionados con ella. La bodega se construyó en el año 1992 y fue ampliada en 1999; la próxima será en 2006. Cada siete años o "cuando existen las condiciones económicas", nos comenta Yves. 
 
En 1987, año de la puesta de largo, los Cuilleron poseían 4 ha de viñedo que se han convertido en 40ª día de hoy (30 con denominación de origen y 10 para Vin de Pays). Cambia las barricas en un porcentaje del 20% cada año. 
 
Encontrar finura y elegancia en todos sus vinos es la mayor preocupación que le percibo cuando habla de ellos. 
Entre sus vinos blancos, el Condrieu base es el Petite Côte que es una buena introducción a la zona. Nace de las viñas más jóvenes y de algunas parcelas concretas mientras fermenta en barricas donde pasa diez meses. El más elegantes de entre los viognier es Les Chaillets con sus viñas de suelos graníticos en terrazas que pasa nueve meses afinándose con sus lías. También produce un Condrieu dulce de vendimia tardía –Les Ayguets- donde se deja sobremadurar la uva y se hacen tres pases recogiendo los granos que han alcanzado la madurez óptima. Hace una lenta fermentación en barrica que dura tres meses y reposa en madera otros ocho meses. El vino más impactante de la bodega es el Condrieu Vertige que nace de una pequeña parcela en Vernon. Pasa 18 meses en madera con sus lías que le dan una densidad y untuosidad digna de un gran chardonnay de Borgoña que embebe la madera de manera asombrosa con el paso de los años. Tampoco faltan los aromas anisados, florales (acacias, violetas) sin faltarle acidez. El 2004, del que probamos una muestra, promete ser grande. 
 
Otros blancos son los dos Saint-Joseph: St Pierre (roussane) mineral, cítrico con frutas de hueso maduras y Les Lombards (marsanne) con recuerdos de pedernal. Tuvimos la ocasión de probar el primer Viognier que ha elaborado en los Estados Unidos. 
 
Entre los tintos elabora varios Saint-Joseph Les Serrines (selección de las mejores parcelas y viñas), Les Pierres Sèches y L’Amarybelle, todos de viñedos preferentemente graníticos en terrazas, cada uno con una personalidad distinta aunque la superioridad del primero es manifiesta. 
 
El Côte-Rôtie Bassenon nace de suelos graníticos en pendiente y el Terres Sombres en terrazas de terrenos pizarrosos y de esquistos. Ambos fermentan en tinos de madera abiertos durante tres semanas y pasan unos 20 meses en barricas nuevas. En el Bassenon 2003 destaca la fruta madura, violetas y el recuerdo mineral. En boca es opulento con un magnífico final. Terres Sombres 2003 es más fino, profundo y complejo en aromas, sedoso con un fondo de ligero recuerdo a cueros y animal. En boca tiene cuerpo y es denso, tánico, largo que deja un gran recuerdo. 
Elabora una serie de Vins de Pays varietales muy interesantes 
En los vinos del 2002 se siente una cosecha difícil donde producir vinos digno ya era señal de éxito. Nada que ver con 2003 y 2004. 
 
La nueva generación ha tomado el poder, los cambios son muchos y la revolución silente camina con paso firme, sin prisa pero sin pausa.


FUENTE : http://elmundovino.elmundo.es/