MÁS AVENTURAS EN EL RÓDANO NORTE…


noticias del vino

Tras un par de años de ausencia volvemos a la feria de los vinos de Côte-Rôtie y Condrieu en Ampuis. Nuestros lectores más veteranos recordarán nuestro entusiasmo por esta atípica feria. El tercer fin de semana de enero, y desde hace la friolera de 78 años se reúnen (hoy, en el polideportivo) en Ampuis, el corazón de la Côte-Rôtie, la mayoría de los productores de la denominación y de sus vecinas (Hermitage, Cornas, Saint-Joseph...) de una forma de lo más sencilla posible, para mostrar y vender sus vinos. En la calle también montan sus puestos unos cuantos elaboradores artesanos de panes, quesos, pastas, aceite, miel, embutidos… de manera que uno puede alternar la cata de los vinos con un respiro, un bocado o una magnifica cerveza artesana Ninkasi (http://www.ninkasi.fr), la única elaborada en Lyon por un grupo de entusiastas del rock que hasta nos comentan que lleva bandas españolas a tocar en directo a sus locales…

 
Para nosotros, además de una oportunidad de probar (y comprar) un buen número de vinos, es la excusa ideal para escapar unos días de la rutina, de visitar unos cuantos productores, de pasar unos días con los amigos comiendo, bebiendo, discutiendo… en definitiva, desconectando del día a día que cada vez más nos va acorralando en esta ‘vida moderna’. 
 
La forma más rápida de llegar desde España a Ampuis es tomar un avión hasta Lyon que está a unos 35 kilómetros al norte, y allí alquilar un coche para moverse por la zona. Incluso desde la frontera de La Junquera en Gerona, el punto más cercano, hay unos 450 kilómetros de distancia hasta la Côte-Rôtie, así que para ir en coche hace falta tiempo, aunque tampoco está mal como alternativa, parando en alguna de las zonas del Ródano sur o incluso aprovechar para tomar el célebre menú de trufas acompañadas de grandes vinos de Châteauneuf-du-Pape en La Beaugravière de Mondragon, a unos 10 kilómetros al norte de Orange. Y la ventaja de llevar coche es que se puede volver con el maletero forrado de algunos de los mejores syrahs del mundo, claro… 
 
Este año la feria comenzaba el viernes por la tarde, ocupaba todo el fin de semana, e incluso el lunes. Durante estos días es casi imposible concertar citas con ningún productor de Côte-Rôtie o Condrieu, ya que están casi todos ellos involucrados en la feria. René Rostaing es prácticamente la única ausencia significativa. Así que hay que mirar un poco más al sur, y visitar alguna de las buenas direcciones de Saint-Joseph (‘Saint-Jo’, para los locales), Crozes, Hermitage o Cornas, asegurándose con cita previa, ya que casi ninguno admite visitas no concertadas, e incluso algunos están también en Ampuis mostrando sus vinos. 
 
 
Tain: Hermitage y chocolate.
 
Una de las pocas direcciones que está abierta al público constantemente, en la que se pueden catar y comprar los vinos (los franceses son auténticos fans de la compra directa en bodega) es la cooperativa de Tain l’Hermitage, Cave de Tain (www.cavedetain.com). Ya se ha hablado en otras ocasiones de esta cooperativa, una de las mejores de Francia, y por tanto del mundo entero. De aspecto limpísimo, envidiables tinos de madera abiertos, seleccionando la uva y separando parcelas como en las mejores bodegas de ‘boutique’, esta cooperativa elabora casi la mitad del vino de las denominaciones del norte del Ródano: unos cinco millones de botellas, más lo que envasen en bag-in-box y demás. Las gamas van desde los 3,20 euros por un Vin de Pays de distintas castas (syrah, por supuesto, pero también marsanne o gamay), a ‘cuvées’ especiales de ‘hermitages’ tintos o dulces blancos ‘vin de paille’ de esta misma denominación. En esta ocasión llamó nuestra atención un poderoso, especiado y con mucha tipicidad (llámenlo ‘terroir’ si quieren) Crozes-Hermitage tinto ‘Les Hautes de Fief’, que por 9,80€ incluyendo el IVA francés de 19,6%, se nos antojó un chollo. 
 
Tain, además de ser la cuna de los magníficos hermitages, lo es además de uno de los mejores chocolates del mundo, Valrhona. Nuestro favorito al menos de entre los de producción y disponibilidad más o menos grande, es decir, sin contar a los Pierre Marcolini y demás pequeños ‘chocolatiers’. La fábrica y tienda está en la calle principal, la propia N7 que atraviesa el pueblo de lado a lado, y nada más acercarse en el coche ya empieza a oler a chocolate. La tienda es el sueño de un goloso. Tienen todos los chocolates en degustación, es decir que puedes probar todo lo que se te antoje, así que una visita a la tienda hace a la vez de merienda… Recomendable una parada. 
 
Les Chênes Verts en las afueras de Pont-de-l’Isère es la casa y bodega de los Graillot. Alain, el mago del Crozes-Hermitage, se encontraba de viaje, pero habíamos quedado con su hijo Maxime, que tras su periodo de formación y prácticas en bodegas tan dispares como Maurodos en Toro o Turley en California (no hay nada como la variedad…) ha empezado en 2004 a producir su vino, compartiendo las instalaciones familiares que han sido ampliadas para tal efecto, fermentando en depósitos de hormigón, más tradicional todavía que su padre, con la cosecha entera –sin despalillar-. ¿El nombre de su aventura? Domaine des Lises, aunque el nombre de la sociedad es Equis. Maxime nació en Costa Rica, y todavía le queda algún poso de español, además de su amistad con un buen número de enólogos hispanos… Probamos los 2004 ya embotellados excepto el escasísimo Hermitage (un par de barricas) que estaba todavía en espera, y en barrica los prometedores 2005 tanto de su padre como suyos. 
 
La propiedad familiar está rodeada por viñedo así que, desde la terraza de la casa, el jardín que se ve es una increíble extensión de cepas de syrah. Maxime tiene planes de plantar un viñedo nuevo en colaboración con Claude Bourguignon en el que quieren aplicar la tradición más pura, plantar directamente en el terreno y a una altísima densidad, de unas 15.000 cepas por hectárea. Es muy joven, pero tiene unas ideas muy claras, y una enorme pasión por el vino, así que predecimos que hará grandes cosas en el futuro. Un nombre a seguir. 
 
 
Un descubrimiento en St.-Joseph.
 
La denominación Saint-Joseph es la menos prestigiosa dada la enorme variabilidad de zonas. Es una franja que va prácticamente desde el sur de Condrieu hasta Tain, a lo largo de más de 50 kilómetros, con lo que hay desde magníficos viñedos en ladera a penosas plantaciones en zonas más aptas para el cultivo de la remolacha… 
 
Visitamos el Domaine Bernard Gripa, donde nos espera el hijo, Fabrice, quien ya parece haber tomado el relevo en el timón. Su padre continúa trabajando en la bodega, y estaba etiquetando mientras él nos enseñaba la bodega y nos daba a probar las últimas cosechas todavía en barrica. Los Gripa tienen su hogar y bodega en Mauves, y hay dos ramas de la familia que no hay que confundir. O más bien había, que ahora ya sólo hay una. La otra era Jean-Louis Grippat, que a pesar de la diferencia en el apellido, es primo de Bernard; un error en el registro cambió legalmente su apellido. Jean-Louis se ha retirado, y en 2001 ha vendido todo a Guigal, magníficas viñas en Saint-Joseph y en Hermitage, que junto a lo adquirido a Vallouit son fuente de los nuevos vinos de la bodega: un par de Saint-Joseph y un Hermitage llamado ex-Voto, todos en ambos colores, tinto y blanco. 
 
Tienen unas 12 hectáreas de viñedo, mitad blanco y mitad tinto, de las que producen unas 50.000 botellas al año. “No tenemos mucho viñedo, y no tenemos denominaciones prestigiosas. Además tenemos bastante blanco, que se vende peor. Tampoco es fácil crecer en extensión de viñedo, ya que el tema está muy controlado. Por ejemplo, este año tenemos derecho a incrementar nuestra viña en unos 800 metros”, nos cuenta Fabrice mientras probamos los blancos de Saint-Joseph y Saint Peray, una denominación un poco más al sur, frente a Cornas que es también productora de espumosos. Los blancos están hechos con marsanne y roussane, parte fermentados en depósito, parte en barrica. Elaboran en total cuatro blancos, dos de cada denominación, y dentro de esto una ‘cuvée’ y una selección de las viñas más viejas. Con años en botella desarrollan unas notas de tila, son de lo más peculiares. Al catarlos estábamos discutiendo si existía algo similar en España, y lo más parecido que se nos ocurría eran los viejos blancos de López de Heredia en Rioja. Para iniciados. 
 
La bodega es tradicional, y Fabrice parece más que tradicionalista también, algo que nos encanta. Renuevan sus barricas y fudres a un ritmo del 15% anual, con lo que el impacto de la madera nueva en los vinos es pequeño. Aseguran vender gran parte de su producción localmente, y no estar preocupados por las opiniones de los grandes gurús ni de las modas o gustos cambiantes. Embotellan dos tintos, un Saint-Joseph y un magnífico ‘especial’ Le Berceau que según nos explica Fabrice, “viene de un lieu-dit que es posiblemente uno de los orígenes de la denominación, ya que se llama precisamente Saint-Joseph. Como no era posible embotellar un Saint-Joseph Saint-Joseph, por la confusión que causaría, mi padre se inventó el nombre de ‘Le Berceau’ que quiere decir ‘la cuna’, es decir, donde nació la denominación”. Casualmente uno de los Saint-Joseph que está vendiendo Guigal con sus nuevas viñas adquiridas se llama exactamente Saint-Joseph lieu-dit Saint-Joseph. 
 
Los vinos son muy puros y tradicionales, y envejecen muy bien. Incluso las añadas menores parecen tener un buen desarrollo en la botella como pudimos comprobar con un 1996, una especie de borgoña hecho con syrah. En definitiva, que los vinos nos han encantado, y que ha sido un magnífico descubrimiento. Ahora, no es fácil encontrar sus vinos. A ver si somos capaces de convencer a alguien en España… Hicimos tan buenas migas que Fabrice se vino a comer con nosotros –se hizo tardísimo, como suele ocurrir-, unos ravioles con aceite y albahaca típicos de la zona (no hemos averiguado porque son típicos de la zona, ya nos enteraremos, pero también los vendían a la puerta de la feria y se los comía uno de pie con un tenedor de plástico), además de la consabida ‘andouille’, e incluso nos acompañó a la siguiente visita que teníamos concertada… Volveremos. 
 
Ya que hablamos de ravioles y de salchichas, un apunte gastronómico. Le Molière en la calle de Molière en Vienne, en pleno centro y muy cerca de la estación de ferrocarril, es un sitio tranquilo y acogedor, regentado por un chef aficionado al vino, en el que se pueden beber buenos syrahs por copas, e incluso ofrece la opción de llevar sus propias botellas, aunque ojo, lo que cobran por el descorche es bastante más de lo que estamos acostumbrados en España, así que llevar un buen número de botellas para un grupo nutrido puede salir por un pico. Pero ya lo saben, ‘Spain is different’… 


FUENTE : http://elmundovino.elmundo.es/