ETNA REDESCUBIERTO: LA SENSACIÓN


noticias del vino

El redescubrimiento del Etna puede ser la noticia vinícola más interesante de Italia de la última década y media. Se produjo, de forma providencial, en el momento en que la moda de la nero d'Avola comenzaba a sufrir los efectos del éxito alcanzado desde varias décadas antes. Mientras la casta nero d'Avola alcanzaba su techo, nacía una apasionante realidad. Un lugar único, irrepetible dotado de características excepcionales que se asemejan mucho a otras grandes zonas italianas del norte.

 
Una de sus mayores riquezas es la notable variabilidad pedoclimática con numerosos terruños, microclimas, microzonas con diferencias tan relevantes que partiendo de una base común que es el volcán se reflejaban en la particular conformación de la montaña, de la cual surgen suelos volcánicos pero con una enorme variabilidad de texturas según el desmoronamiento de la composición de la lava. También hay diferencias climáticas según la orientación, la exposición, la altura o la pendiente del terreno porque la zona vinícola del Etna presenta una especie de anillo sin cerrar que abarca esa diversidad o recuerda a las patas de un cangrejo. 
 
 
Pero la diferencia es que el Etna (3.322 m) es el volcán más activo de Europa y no se detiene nunca: es un verdadero espectáculo de policromía y sonoridad. Enhiesto surtidor de vida y movimiento. No es como la zona de la Irpinia en Campania o el Vulture en Basilicata cuyos volcanes están extintos. La altura elevada, la enorme luminosidad con aire limpio, el buen drenaje, las precipitaciones habituales, la diferencia térmica entre el día y la noche… 
 
 
La regeneración de los suelos en zonas volcánicas es un valor impagable: esa erosión que significa una continua revitalización de la tierra. La lava que emerge necesita de siglos. Por eso las zonas volcánicas gozan un gran presente y siempre un futuro envidiable. Son terruños del sur con alma del norte: supuestamente calurosos, con una frescura sorprendente. La magia de los suelos volcánicos donde sólo se calienta la superficie pero no sucede así con el interior. Son 2.000 hectáreas privilegiadas. 
 
 
Un poco de historia.
 
Los vinos del Etna han sido importantes desde tiempos remotos. La primera colonia griega en Sicilia la podemos situar en la actual Naxos, donde los griegos promovieron el uso del vaso como sistema de conducción de la vid, y también fueron los introductores de los vasi vinari (los primeros depósitos para elaborar el vino). El griego Estrabón, en su monumental Geografía, es uno de los primeros personajes en celebrar la calidad del vino etneo. 
 
 
Entre los siglos XVIII y XIX, el vino llegó a ser la principal actividad económica. Durante el siglo XIX los vinos del Etna se utilizaban como vinos de mesa a granel o para mezclarlo con otras variedades. A mitad de ese siglo había plantadas casi 26.000 hectáreas según el catastro borbónico e incluso, a finales del siglo y por gracia de la filoxera, se convirtió en la zona con más viñedo de la isla alcanzado las 50.000 hectáreas en el momento en que se comienzan a embotellar los primeros vinos. 
 
 
En los terrenos volcánicos no pudo penetrar la filoxera. Pero le afectó de manera notable el cierre del mercado francés al recuperarse tras los daños sufridos por la plaga junto a la caída del negocio agrícola y la emigración hacia Sudamérica y Europa lastraron el bienestar en la zona. La filoxera afectó a las zonas bajas y causó un enorme destrozo, sólo salvándose aquellas que se encontraban entre los 400 y 800 metros, en suelos arenosos volcánicos. 
 
 
Las zonas vinícolas que se preferían en la antigüedad no eran las abruptas laderas que miran al infinito, sino las zonas más bajas y productivas y las que están más próximas al mar. La proximidad del puerto de Riposto era una garantía para la salida del vino hacia el exterior, como ocurrió hasta comienzos del siglo XIX. A partir de aquí se fueron buscando zonas más altas en la zona este al ser la más cálida, aunque sin alcanzar los 400 metros. Pero la filoxera arrasó estos viñedos más bajos de suelos con restos aluviales y menos protegidos ante la plaga. En esos terrenos se plantaron cítricos y otros tipos de árboles frutales. 
 
 
A partir de ese momento, las viñas se plantaron en zonas más altas en laderas que quitan el hipo, y también con un sentido economicista porque las nuevas tierras eran mucho más económicas pero más gravosas por el trabajo que se requería. Además de la zona este se comenzó a plantar viña en las zonas norte y sur a unas alturas que alcanzaban los 800 metros. 
 
 
Otro cambio importante fue a partir de la finalización de la Segunda Guerra Mundial y el comienzo de la recuperación italiana. Aquellas terrazas protectoras comenzaron a ser discutidas y destruidas para dejar los viñedos sobre las laderas, sin protección. Esto supuso un cambio en el sistema de conducción y poda, siendo sustituido el clásico 'alberello' por el Guyot simple, el 'tendone' (emparrado) y el cordón de Royat. Fue una época de caída libre en la venta de los vinos del Etna. La ladera norte se mantuvo con viñedo pero varias de las orientaciones desaparecieron como zonas vinícolas para dar paso a edificios: negocio mucho más próspero. 
 
 
Se pasó de los grandes latifundios a poseer pequeñas propiedades las familias que fueron las que mantuvieron la tradición de las terrazas con el viñedo podado en vaso. Se vivió el abandono del campo en beneficio de la ciudad pero se mantuvo una pequeña burguesía industrial de antiguos campesinos, a diferencia de otras zonas sicilianas donde existía la figura de los nobles palermitanos que controlaban todas las tierras. Eso permitió que esos pequeños propietarios cuidaran sus viñas. 
 
 
La estructura era curiosa con construcciones rurales cercanas al viñedo donde tenía habitación el propietario y adonde se llevaba la uva recogida. Era mucho más que un negocio comercial porque abarcaba la parte social y política. Era una unión entre la tierra y el ser humano con una buena delimitación. Pero las condiciones para elaborar vino eran tan primitivas que dificultaban cualquier búsqueda de calidad. No había enólogos ni profesionales, por lo cual la situación era complicada. 
 
 
En los años 70 no llegaban a 20 las bodegas que embotellaban vino. A finales de los 80 y comienzos de los 90 llegó la segunda revolución del vino italiano en todas las regiones pero en el Etna se haría aun de esperar. Hasta el año 2000, solo el barón de Villagrande elaboraba vinos de calidad, el resto no alcanzaba un nivel digno de los terruños que poseían. El vino se vendía a granel, muchas de las viñas no se trabajaban ni se recogían sus uvas. La imagen de los vinos del volcán era pésima con muchos de ellos defectuosos sin alcanzar un nivel digno. 
 
 
Un primer acercamiento fue la llegada de Giuseppe Benanti, un hombre de negocios de Catania, que se empeñó en elaborar vinos en las viñas que poseían sus ancestros. Fue pionero porque apostó por castas locales como la nerello mascalese tinta y la carricante blanca. Con la colaboración del gran enólogo Salvo Foti, buen conocedor de la zona, nació el Pietramarina: un referente entre lo mejor en blancos no sólo del Etna sino de Italia en una zona espectacular para el desarrollo de esta uva en la ladera este. Todavía quedaban años para el asentamiento definitivo pero su labor serviría para el posterior resurgir de esos vinos. 
 
 
Hubo una primera resurrección en 1990 de la mano de Palari con la variedad nerello mascalese junto a las nerello cappuccio, nocera, cor'e palumma, acitana, tignolino, galatena, calabresepero… en la diminuta denominación Faro en las proximidades de Messina, pero no en el Etna. Una recuperación estelar. 
 
 
El gran salto hasta alcanzar el prestigio de hoy lo dieron dos forasteros a partir del 2000: el famoso y prestigioso importador italoamericano Marc de Grazia con Tenuta delle Terre Nere y Andrea Franchetti con Passopisciaro. Un estadounidense de origen toscano y un romano ubicado en el Val d'Orcia toscano convirtieron el Etna en la nueva Borgoña o Piamonte del sur. Ellos delimitaron los pagos históricos y le supieron dar su identidad propia. No se puede olvidar al belga Frank Cornelissen, que buscó una tercera vía con sus vinos naturales. 
 
 
Todavía en el anillo etneo se pueden comprobar los enjambres de carreteras estrechas que eran importantes en él. Etna fue la primera denominación de origen siciliana en 1968. En esa época se producían 1.500.000 de botellas y de la bodega del Barón de Villagrande salían 100.000. 
 
 
Algunos testimonios.
 
Mario Soldati, en el primer viaje en 1968 de su imprescindible 'Vino al Vino', cuenta que la mayoría de los mejores vinos que había descubierto en Sicilia eran elaborados por aristócratas. También habla del cambio tan grande que había sufrido Italia en los últimos decenios desde lo agrícola a la industrialización pero solo queda el resquicio de la propiedad de la tierra. Continua diciendo que "muchos de ellos amaban aquella tierra sin saberlo y han comprendido que si querían conservar todavía algún poder en el nuevo mundo industrial, no debían perderla". 
 
 
Se encontraban en la avanzadilla del progreso agrícola con inversiones en mecanización, planificación, bodega… Es un momento donde comienzan a cohabitar los grandes latifundios con las pequeñas realidades burguesas que se van desgajando de las cooperativas, aunque de forma solo testimonial. De productores de la zona sólo cita al barón Carmelo Nicolosi da Villagrande, del que destaca su tinto de nerello mascalese 1948 y lo compara con un barbaresco. 
 
 
Cyril Ray, en 'The Wines of Italy' (1971), comenta que el viñedo se encuentra en las zonas más bajas y en las laderas medias del volcán donde se producen vinos blancos y tintos de mediama calidad. Los blancos son elaborados con carricante, catarratto comune y catarratto lucido, minnella e insolia y dan vinos secos y con un poco de aguja. Dice que son mejores que los tintos, que se elaboran con nerello mascalese y nocera: son astringentes y ligeros. Dice que las viñas a 70 metros dan vinos más finos y recomienda dos elaboradores: Linguaglossa y Sant'Alfio. Pero recalca que la mayoría sólo valen para mezclar o son vinos industriales para vender en el extranjero, sobre todo Alemania, e incluso se utilizan para producir brandy o vermú. Como productores del Etna destaca entre los mejores tintos Ciclopi, Ragabo, Biancavilla y Ragalma, junto a Sparviero, Trecastagni, Villagrande, Mascali, Randazzo y Solichiata dentro de un nivel sin muchos destellos. 
 
 
Burton Anderson, en su 'Vino: The Wines & Winemakers of Italy' (1981), dice que los mejores viñedos son los que se encuentran en los alrededores de Milo en la bodega del barón di Villagrande, en la ladera este, cuya propiedad familiar se remonta al siglo XVIII. Como se puede comprobar, una realidad que nada tiene que ver con la situación de estos últimos años. Carlo, hijo del barón Carmelo Nicolosi, fue el primero en cambiar el tradicional 'alberello' por el cordón. los finales de los 70 son tiempos de modernización. 
 
 
El propio Burton Anderson comenta, en este libro y en la "¡Guida pratica ai vini italiani¡ (1982) que otros productores destacados del Etna son Cantina Sociale di Torrepalino en Solicchiata (ladera norte y donde se encuentran los mejores vinos de hoy), Etnea Vini (Berbero), Le Vigne dell'Etna, Diego Rallo & Filli y Villa Iolanda. 
 
 
La Biblia del vino italiano 'Italy's Noble Red Wines' de Sheldon & Pauline Wasserman (1985 y 1991) no cita ni un solo vino del Etna entre los tintos nobles italianos. 
 
 
En los tratados de los años 50 o 60 pasan desapercibidos, como en el libro de Roberto Capone 'Vini Tipici e Pregiati d'Italia' (1963). 
 
 
Sin olvidar dos textos excelentes: 'The World of Sicilian Wine' de Bill Nesto y Frances di Savino (2013) y 'La Sicilia del Vino' de varios autores (2005) que son de obligada consulta. 
 
 
Protagonistas las castas.
 
Las dos grandes variedades tintas son la nerello mascalese y la nerello cappuccio, presentes desde hace siglos en la zona y protagonistas de los mejores vinos. Entre las blancas destaca la carricante. 
 
La nerello cappuccio es el prototipo mientras la nerello mascalese es su hijo. Se llama también mantellato. Debe su nombre a su forma de capuchón en la planta cultivada en 'alberello'. Su origen es desconocido y hasta que las pruebas de DNA no le otorguen su parentesco poco se puede decir. Siempre estuvo presente en el Etna en pequeños porcentajes junto a la nerello mascalese. Cada vez es más testimonial por el abandono que ha sufrido en estos últimos años de búsqueda de vinos monovarietales. En solitario da vinos para beber pronto. Tiene un racimo medio, piramidal con granos en forma de esfera. La uva madura entre el final de septiembre y el comienzo de octubre. Aporta color al nerello mascalese. Es muy sensible al mildíu. 
 
La nerello mascalese es una variante del nerello cappuccio, seleccionada por primera vez en la Piana di Mascali, un pueblecito a las faldas del volcán, en provincia de Catania y, con el paso del tiempo, ha sido la variedad más extendida. Hoy es la casta reina del Etna, por la que apostaron los viticultores hace más de 200 años. Sus mejores características las enseña desde los 350 metros a los más de 1.000. Es una variedad que necesita la altura y la diferencia térmica. Sus virtudes las muestra de forma muy diferente según la orientación y sistema de conducción en la que esté plantado. Es de maduración tardía, como la mayoría de las variedades locales, puesto que se recoge la uva normalmente a mitad de octubre. 
 
Abandonada durante mucho tiempo, se recogía con excesiva precocidad. Eso ha cambiado de forma radical en los últimos 20 años. La búsqueda de la total madurez fenólica es una de las claves. Este éxito se debe a los productores que tenían experiencia en otras zonas fuera de la isla con conocimiento de la viticultura de montaña. De aquellos vinos pastosos y difíciles de beber se ha pasado hoy a vinos elegantes, fragantes con fruta madura (cerezas), recuerdos florales, especias, tabaco, balsámicos y mineralidad con poco color. La estructura es buena, el grado alcohólico es alto, tiene un tanino no muy agresivo y si agradable, una notable acidez que los hace largos y persistentes, sutiles y finos. 
 
Tiene una enorme influencia el carácter de la añada. Está muy condicionada por el estrés del verano y por las lluvias en el otoño que condicionan la fisiología de la vid. Por eso hay tanta diferencia entre vinos de diferente procedencia, altura y cosecha. 
 
La carricante es una uva local antiquísima en el Etna. Parece que el nombre se ha atribuido por los viticultores de Viagrande (Catania) que desde hace varios siglos lo seleccionaron. Se fue extendiendo a otras provincias cercanas desde mitad del siglo XIX. Hasta mitad del siglo XX ocupaba el 10% del espacio total vitícola. Hoy, los mejores resultados, los ofrece en la ladera este a casi 1.000 metros y en la ladera sur a más de 1.000 metros. La carricante se expresa mejor en esos terrenos y alturas donde la nerello mascalese no madura. La carricante se vendimia a mitad de octubre siendo tardía como todas las castas etneas. 
 
Da vinos mucho más verticales que los rieslings alemanes de los suelos pizarrosos del Mosela o Nahe o los sauvignons blancs de Pouilly-Fumé con una acidez muy punzante y elevada con un alto contenido en málico, por eso es fundamental que el vino haga la maloláctica. Sestini en 1774 ya recomendaba que los productores que recogían la uva de las zonas más altas dejaran el vino producido en los fudres con sus lías para favorecer con la llegada de la primavera la maloláctica y así domar un poco esa acidez salvaje. Cuando se vinifica bien, su capacidad de envejecer puede ser larga. Destacan los aromas a manzana, flor de azahar, hinojos junto a los recuerdos marcados a pedernal. 
 
Otras variedades plantadas en el Etna (autóctonas y alóctonas) son las tintas: garnacha, cabernet sauvignon, merlot, syrah, sangiovese, petit verdot, cesanese d'Affile. Y las blancas: minnella, trebbiano toscano (antaño bastante usado en su mezcla con la carricante), insolia, chardonnay. 
 
 
Clima y suelos.
 
El Etna representa un microclima particular y único en la isla. Es una isla dentro de una gran isla. El clima es, lógicamente, muy diferente al resto. En las zonas vinícolas la temperatura media es de 14ºC que resulta bastante baja. Las temperaturas mínimas alcanzan los -4ºC en la ladera este y en la época de floración bajan a -1ºC pudiendo dañar a la vid. Las temperaturas máximas no suelen pasar de los 27ºC. Pero el mayor patrimonio es la diferencia térmica impresionante de la noche al día que se registra de la primavera al verano. Las precipitaciones alcanzan los 1.000 mm al año. En la ladera este llueve más que en las otras dos y pueden alcanzar los 2.500 mm. En verano llueve poco y las precipitaciones se concentran entre el otoño y el invierno. 
 
Los suelos son variados y diferentes entre ellos. Son arenosos y sueltos (Riposto, Mascali); arcillosos y arcilloso-calcáreos en la zona de Caltagirone; terrenos de lava con diferentes años (Castiglione di Sicilia y Belpasso); suelos marrón oscuro en la zona de Randazzo y Solicchiata. 
 
La naturaleza del terreno está ligada a su carácter volcánico por la desmembración de los diferentes tipos de lava de diferentes edades porque aquí se mezclan las diversas erupciones donde cada una deja su impronta. Son fundamentales los materiales derivados de las erupciones como la ceniza, la arena o piedras y con la erosión que despide los sedimentos hacia el fondo del mar. Todo esto no tiene una edad determinada sino que es la suma de todos estos acontecimientos. Son mayoritariamente suelos jóvenes y poco fértiles en sus emplazamientos actuales. Hay zonas con muchísimo esqueleto de piedra pómez de pequeñas dimensiones que tiene una capacidad de drenaje enorme. Son suelos ácidos y ricos en hierro con una cantidad de potasio, fósforo y magnesio destacadas y pobres en nitrógeno y calcio. 
 
 
Vinificación.
 
La historia dice que se pisaba la uva con los pies en los 'palmenti' (cubas para fermentar) y el mosto que se escurría se sacaba y el que se quedaba se fermentaba por separado en los 'palmenti' (los espacios donde se elaboraba el vino en el siglo XIX y XX hasta las prohibiciones sanitarias y que su abandono dio lugar a la industrialización del vino en la zona). 
 
Tradicionalmente la primera fermentación se realizaba en tinas en contacto con los hollejos y el raspón que duraba de 24 horas a una semana según el tipo de vino y la zona de procedencia. Luego se llevaba a otra vasca de piedra volcánica que estaba situada debajo de la tina o directamente a los grandes fudres que se encontraban en otra sala cercana que eran de castaño de 6.000 a 8.000 litros. 
 
 
La magia del terruño y los pagos del Etna.
 
Podemos dividir en la actualidad el Etna en tres laderas cada una con sus características: 
 
Ladera sur : La vid la encontramos entre los 600 y 1.000 metros de altura y es donde se encuentras los viñedos más altos. Las variedades principales son la nerello mascalese, carricante, garnacha, nerello cappuccio y vesparola. Es la parte donde más cenizas volcánicas hay y la de terrenos más fértiles con una viticultura de media calidad. 
 
Ladera este : Los viñedos se encuentran entre los 400 y los 900 metros y los suelos son ricos en esqueletos con una pendiente que alcanza el 40% y destaca la nerello mascalese, sobre todo en las partes más altas. La carricante blanca que madura unos 20 días antes que en las otras laderas y es donde encuentra el mejor lugar para dar alta calidad. 
 
Ladera norte : La viña se encuentra entre los 400 y 800 metros y es la zona donde con más vocación para los vinos tintos de alta calidad. Aquí encontramos los viñedos más viejos de nerello mascalese junto a otras variedades de calidad locales como la nerello cappuccio, garnacha o vesparola junto a las blancas carricante y minnella. Suelos de ceniza, basalto o piedra pómez. 
 
 
Los pagos del Etna.
 
La primera bodega que escribió los nombres de los pagos en sus etiquetas fue Tenute delle Terre Nere y, desde 2008, lo hizo Passopisciaro. La fecha autorizada para que fuera legal era con la añada 2011 pero ya se sabe lo que ocurre siempre en Italia donde la ley se hace para que pueda ser vulnerada. 
 
Los vinos son tan salvajes como sus suelos o como los escupitinajos de la lava. Algunas tierras cuyas cepas eran alimento de las cabras en un pasado reciente hoy son generadoras de felicidad. Una viña vieja discontinua porque junto a esas cepas prefiloxéricas encontramos partes de roca negra. Pero es un terruño diferente, son muchos terruños que nacen con cada erupción del volcán que renueva la tierra; por eso nadie sabe con certeza los años de los terrenos que pisa. 
 
No son suelos antiquísimos porque se mezclan las rocas o la lava que han despedido los rugidos de alguno de los cuatro cráteres que posee este magno Etna que nos hace sentir cerca de aquello que los griegos llamaban el centro del universo. Las viñas se rodean de la nada: filares de cepas desordenadas; miras unos metros más allá y la vida no existe. La soledad invade numerosos espacios sin mantener conversación con la naturaleza. Es un soliloquio silencioso, un monólogo sin texto. Los ríos de lava son caprichosos y deciden el paisaje. Zonas de flores y otras vírgenes se unen en un paisaje cuya definición cambia como en ninguna otra zona del mundo. 
 
Un día lo que admiramos hoy puede desaparecer pero la naturaleza le dará otra oportunidad. Ha respetado una buena parte del patrimonio aunque se lleva algunos viñedos como aviso que la naturaleza en forma ígnea manda. No existen en el mundo viñas con más años que generen más luz y brillantez: portan el secreto de la vida eterna. Cada erupción deja su sello y se unen rocas cuya edad no se conoce. Uno siente que aquí nace la vida y también desaparece. 
 
 
Estos son los principales pagos: 
 
Contrada Guardiola : entre unos 800 y 1.000 metros . Produce vinos intensos con aromas a mazapán, naranja y frutos rojos. Cepas de 50 a 140 años años de nerello mascalese y alguna suelta de nerello cappuccio. Suelos volcánicos, mixtos y delgados, de arena y basalto. La altura genera acidez y los terrenos delgados taninos. Necesita una madurez plena y los rendimientos deben ser bajos. Suele ser el más cerrado. 
 
Contrada Chiappemacine : a una altura de unos 550 metros está situada entre voladizos de piedra arenaria que la lava acaba de llegar. Vino con cuerpo y viñas de más de 80 años de nerello mascalese. 
 
Contrada Porcaria : se encuentra entre los 600 y 700 metros con exposición norte con el sol más alejado: parece suspendida en el aire. Vino que cambia continuamente de aromas, tiene cuerpo. Cepas de más de 80 años de nerello mascalese. 
 
Contrada Sciaranuova : viñedo entre los 850 y 900 metros con lava suave. Está expuesto al sol desde la mañana al ocaso. Vinos profundos. Cepas de más de 80 años. 
 
Contrada Rampante : es el viñedo más alto de todos a más de 1.000 metros. Terrenos más arenosos, oxidados, de lava muy antigua. Es el pago que se vendimia más tarde. Tiene pureza, acidez, es duro y austero. Cepas de más de 100 años. 
 
Calderada Sottana : viñedo entre los 600 y 700 metros y destaca porque es el más pedregoso de todos. Son viñas de 50 a 100 años de nerello mascalese y nerello cappuccio (escasas cepas) y es un pago complejo: flores, frutos secos, especias… es austero, equlibrado. Suelos volcánicos pero con basalto y poca ceniza. Exposición norte. 
 
Contrada Santo Spirito : limita con Guardiola y ofrece unas terrazas espectaculares. Los terrenos son volcánicos, profundos y ricos con mucha ceniza con hierbas suntuosas, viñas vigorosas. Son vinos sensuales y suculentos con un gran equilibrio. Exposición norte con cepas entre los 40 y los 100 años de nerello mascalese y un 2% de nerello cappuccio. 
 
Feudo di Mezzo : es la contrada más grande de la D.O.C. Etna y es homogéneo pero con calidades variables. Sería el Clos de Vougeot de la Borgoña. Es la primera zona para vendimiar. Da vinos más abiertos, suaves, generosos. Taninos suaves, aterciopelados. Cepas de 40 a 80 años de nerello mascalese y nerello cappuccio (escasas cepas). Suelos volcánicos, profundos con mucha ceniza. 
 
Los crus de viña vieja tienen una densidad de plantación de 8 a 10.000 cepas por hectárea y hoy son pocos los que lo han mantenido con las nuevas plantaciones. Se ha pasado de 0,90X0,90 a 1,25X1,25 y ahora con las espalderas que van de,1,5X2 metros a 2X3 aunque se intenta reducir a 1,80. En el tendón es 3X3 0 2,5X2,5. El marco de plantación es muy irregular porque en el Etna estaba y está muy difundida la práctica de propagación de la planta por 'propaggine' (mugrón cuando el sarmiento sin cortarlo de la vid se entierra para que se arraigue y produzca una nueva planta). Por eso, en los viejos viñedos se encuentran muchas viñas de pie franco que se pueden ir sustituyendo. 
Sería de agradecer una clasificación real de los pagos para que el público tenga una información fundamental a la hora de adquirir los vinos. 
 
 
Algunos productores en el Etna.
 
Benanti.
 
Giuseppe Benanti era un industrial farmacéutico que creó la bodega en 1988. Antes de comenzar a elaborar vino estudió a fondo los terrenos y los clones que mejor se podían adaptar. 
 
Su vino más mítico es el Etna Bianco Pietramarina, un vino de cepas de más de 80 años de carricante: una auténtica joya de la enología italiana. Un vino con una acidez marcada, con unos recuerdos a silex, a lava, a hierbas frescas, yodo, frutas ácidas del bosque… tremendo. Su hermano menor, el Edelmio tiene carricante y chardonnay. Entre los tintos destacan el Rosso di Varzella; el Serra Della Contessa que nace de viñas centenarias de nerello mascalese y nerello cappuccio con una densidad de 8.000 cepas por hectárea criado en barrica y el Rovitello que nacen de la mezcla de nerello mascalese y un poco de nerello cappuccio. 
 
 
Passopisciaro.
 
Andrea Franchetti es un auténtico personaje y uno de los mejores viticultores italianos. Primero su aventura se centró en Tenuta di Trinoro, en una zona toscana donde no se habían elaborado vinos de alta calidad antes. En el 2001 marchó a las bruscas pendientes del Etna para respetar una tradición antiquísima pero antes había conocido bien esos viñedos gracias a sus viajes veraniegos. Era un caserón en ruinas que reformó. Es el Roberto Voerzio toscano y siciliano por su búsqueda de la textura en los vinos y sus rendimientos bajísimos aunque su inspiración viene de Peter Sisseck y de el francés Jean-Luc Thunevin: calidad, escasa producción, trabajo primoroso, excelente comercialización…. El responsable de la bodega siciliana es el competente Vincenzo Lo Mauro. Desde 2013 colabora en la bodega el enólogo tinerfeño Eduardo Torre. 
 
Posee 24 hectáreas de viñedo (65.000 botellas) con una edad entre 10 y 110 años a una altura que va de los 500 metros a los 1.100 con unos marcos de plantación. Elabora cinco Contrade, que son los pagos de la falda del Etna que posee, y sólo poco más de 2.000 botellas de cada uno de ellos: Guardiola, Rampante, Sciaranuova, Chiappemacine y Porcaria. Utiliza las viñas de nerello mascalese excepto para su Franchetti, que está elaborado con petit verdot y cesanese. Se elaboran pequeñas cantidades de los vinos. En 2002 plantó 8 hectáreas con más de 12.000 cepas por hectárea con filas estrechas y muchísimos muretes. También posee numerosos viñedos viejísimos plantados en vaso. Cría, al estilo tradicional, en grandes 'botti' de roble de Eslavonia (de 800 a 5.000 litros), incluido su Guardiola Chardonnay. Sus rendimientos son bajísimos en las viñas viejas: de 10 a 20 hi/ha, trabaja con maceraciones de hasta 18 días. 
 
Tenuta delle Terre Nere.
 
Marc de Grazia es uno de los más importantes importadores de vino italiano en Estados Unidos. Es un auténtico personaje que no hace nada por capricho. Para llegar a elegir las tierras del Etna viajó una y otra vez a la zona estudiando cada palmo de terreno. Y él es el principal responsable de la gran revolución del Etna. Puso en el mapa universal este pequeño espacio con una resonancia imposible de predecir con la ayuda del joven enólogo siciliano Calogero Statella y sus 32 hectáreas. Fue el primero en separar por Contrade (los pagos etneos) respetando la historia. Se estableció en Randazzo, en la ladera norte, para ser guardián del comportamiento de sus pagos: elabora vino en Guardiola, Santo Spirito, Feudo di Mezzo, Sottana… junto a las de Passopisciaro son como La Tache, Vigna Rionda o Asili: los grandes crus de este rincón del mundo. Y un vino que nace de cepas de más de 130 años en la Contrade Calderara Sottana que se llama Prephyllosera La Vigna di Don Peppino. 
 
Usa para crianza el Bentley de los botti de roble austriacos de Stockinger junto a barricas. Fermenta a 28-30º C y pasan de 16 a 18 meses en madera. Sus vinos buscan el equilibrio y que todos los componentes formen una orquesta que suene bien. 
 
 
Cottanera.
 
Recuerdo el acontecimiento que fue la salida al mercado de la primera botella de su mondeuse. Me la dio a probar Luca Mazzoleni y era algo verdaderamente novedoso. Cottanera es una de las bodegas pioneras con más de 40 años de vida con la familia Cambria al mando. Al inicio utilizaron variedades francesas pero a mitad de los 90 comenzaron a apostar por las castas locales. Viñedos a más de 700 metros con suelos volcánicos, arenosos y ricos en esqueletos con terrenos de aluvión. Vinos como el Barbazzale Rosso (nerello mascalese) y el Bianco (insolia y viognier) y L'Ardenza (mondeuse). 
 
 
Frank Cornelissen. 
 
Este belga es el rey de los vinos naturales. Comenzó en el año 2000 y hoy posee 18 hectáreas y produce 45.000 botellas. Trabaja en viñas situadas en antiguas terrazas con bajos rendimientos, sin intervencionismo, levaduras indígenas, nada de sulfuroso y la nerello mascalese como protagonista con vendimias más tardías de lo habitual. Son vinos particulares, desiguales con alguno con un grado alcohólico excesivo. Macera sobre lías y usa el ánfora como lugar de envejecimiento. 
 
Sus vinos son el Munjebel Rosso; Munjebel 6 que es una mezcla de añadas (una vieja tradición lugareña); Munjebel Bianco (Grecanico, coda di volpe, catarratto, carricante) y los Magma que proceden de los viñedos más altos (entre 650 y 1000 metros) y se vinifican por pagos. Magma 9 es su punta de lanza con cepas de nerello mascalese y unos 200 euros en tienda. 
 
Hay grandes bodegas que se han ido acercando a la zona como Firriato, Planeta, Tasca d'Almerita o Cusumano junto a otras de marcado interés como Terrazze dell'Etna I Vigneri (grupo de vignerons con la mano del gran Salvo Foti dirigiendo), Binochi, Biondi, Bonaccorsi, Giuseppe Russo sin olvidar nunca al gran pater, Fessina, Graci, Il Cantante (el proyecto de Remick Hucknall cantante de Simply Red), Barone di Villagrande. El próximo gran desafío son los espumosos con método clásico. La única duda que me queda es la capacidad real de envejecer estos vinos. En los blancos lo tengo más claro pero en cuanto a los tintos me quedan bastantes dudas.. 
 
El problema puede venir si los productores creen que es un manantial de oro el que se encuentra en esas laderas. Una invasión que arruinaría una zona con tal potencial. Trabajar en el Etna no es nada fácil, es muy caro y requiere un esfuerzo supremo. Por eso, el riesgo que se corre si llegan inversores sin conocimiento puede ser ruinoso para la zona. 
 
Según la antigua tradición, en el Etna murió el gran filósofo griego Empédocles –el descubridor del aire según Aristóteles-, quien se arrojó al volcán para demostrar que era inmortal: a purificarse por el fuego y alcanzar el centro de la tierra.


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