VINO DE NIEVE, NO DE HIELO


noticias del vino

Kaarlo Nelimarkka, dinámico setentón finlandés, se enorgullece de dirigir lo que considera como el viñedo más septentrional del mundo. Cultivar la viña en Vaasa, a 400 kilómetros del círculo polar ártico, es un desafío diario, del que explica, encantado, los secretos: la nieve es el más preciado de ellos. Gracias a sus propiedades aislantes, protege los sarmientos y les impide helarse cuando la temperatura disminuye hasta los -36ºC en invierno. Más bien es el sol el que le preocupa...

 
"El verdadero problema está en los veranos, que son demasiado cortos, y los rayos de sol, que en primavera son demasiado potentes y pueden hacer reventar los brotes, aunque el suelo siga congelado", explica a la agencia AFP este antigua funcionario municipal, de 74 años. 
En un año favorable, puede producir hasta 400 botellas de diferentes colores: blanco, rosado y tinto. Ensamblando las castas madeleine angevine, gewürztraminer y solaris ha creado su gran especialidad, el Sundown White, un blanco que define como "luminoso". 
 
Hannu Hokka, enólogo aficionado y antiguo experto de Alko, la empresa pública que gestiona el monopolio de Estado finlandés de las bebidas alcohólicas, se muestra entusiasmado: "El vino es amable y bien equilibrado, y acompaña bien las ensaladas o los cangrejos de río. Si no lo hubiese sabido de antemano, jamás habría sospechado que es un vino de pequeño productor finlandés". 
 
Y es que son poquísimos los viticultores en Finlandia, país cuyas bebidas nacionales son la cerveza y la vodka: la primera de ellas representa aún cerca de un 50% de todo el alcohol que se consume en el país, aunque haya aumentado sensiblemente la parte del vino a lo largo de los dos últimos decenios, pasando del 11% en 1996 al 19% en 2014. 
 
Nelimarkka esperaba antaño hacer carrera en el vino, pero la burocracia europea lo disuadió. Pese a todos sus esfuerzos, el vino Sundown no puede llamarse 'vino' porque Finlandia no aparece en la lista de las regiones vitícolas establecida por la Unión Europea. 
 
Para colmo, el ex funcionario no puede vender sus botellas, porque el monopolio de Estado se lo impide. Así que para soslayar esa prohibición y poder seguir cultivando su 'hobby', organiza visitas pagadas a su viña, que terminan con una cata de vinos… 
 
Todo empezó a mediados de los 70, Recuerda el jubilado: "En 1975, mi mujer había encargado en Holanda bulbos de tulipanes, a una empresa que también vende cepas. Encargué algunas y resultó ser pinot noir, una de las castas más difíciles de cultivar. Así que tuve que aprender". 
 
Recuerda también lo que le sorprendió ver lo que parecía una ramita pero que resultó ser la cepa ya injertada: "Los 20 primeros años, me leí todos los manuales, seguí las instrucciones al pie de la letra, pero siempre fracasaba".
 
A fuerza de perseverancia, tras muchos titubeos y muchos fracasos, el autodidacta puso en marcha su propio sistema de protección de las cepas frente al frío polar. 
 
Por ejemplo, renunció pronto a mantener sus cepas en una espaldera, podándolas a menos de 30 centímetros de altura antes del invierno. También amontona piedras, que protegen del frío y de la humedad, y 'envasa' parcialmente cada cepa en un toldo de plástico. 
 
Durante el verano, el sol de medianoche viene en su ayuda: hay cerca de 20 horas diarias de luz. Según sus cálculos, en su zona tiene una media de 30 días más de luminosidad que en el sur de Italia. 
 
Pero, este verano, la naturaleza le ha regalado algo que él se habría ahorrado: demasiada lluvia. Mientras en el sur de Europa reinaban la sequía y el calor, Finlandia ha conocido los meses de junio y julio más fríos en medio siglo, con aguaceros casi a diario. 
 
Espera que el regreso del sol y del calor a finales de verano podrá salvar su vendimia. Empezaría entonces a cosechar a principios de octubre, algo más tarde de lo habitual. Si todo va bien, a continuación fermentará su vino en depósitos curiosos: grandes damajuanas de vidrio.


FUENTE : elmundovino.elmundo.es/