ALSACIA: LOS TINTOS PIDEN PASO


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Famosa por sus grandes vinos blancos, Alsacia busca el reconocimiento de sus tintos de pinot noir, que cada día se acercan más en calidad a los grandes borgoñas. "A igual rendimiento, podemos hacerlo tan bien como en Borgoña", proclama, jactancioso, Jean-Pierre Frick, enarbolando una copa de pinot noir de color rojo profundo, tánico, sacado de un fudre –gran tonel de roble centenario- en su bodega de Pfaffenheim, cerca de Colmar.

 
"Nuestro clima es casi más favorable que el suyo, y también tenemos suelos magníficos en Alsacia", añade este viticultor que produce, sobre los pagos calizos de Strangenberg y Rot Murlé, tintos biodinámicos con bajos rendimientos. La complejidad de los suelos alsacianos es, por otra parte, muy similar a la de Borgoña: las dos regiones se hallan en continuidad geológica. 
 
En el mercado mundial, los tintos alsacianos poseen también una ventaja importante, heredada de la tradición alemana: la de poder poner el nombre de la casta en la etiqueta, como los vinos del Nuevo Mundo. 
 
El pinot noir, única casta tinta cultivada en Alsacia, el pinot noir sufre pese a todo de un importante inconveniente comercial: no puede venderse con la denominación 'grand cru', aunque proceda de una parcela clasificada como tal. Esta exclusión se explica entre otras cosas por la "relativa condescendencia" con que hace algunos años eran tratados los tintos de Alsacia, según explica Frédéric Bach, director de la Asociación de Viticultores de Alsacia (AVA). Se trataba a menudo de vinos diluidos debido a los altos rendimientos, "ligeros y fáciles, que navegaban entre un tinto y un rosado", servidos generalmente fríos. 
 
Esa regla podría cambiar pronto: con unas 14 bodegas más, la casa Muré va a pedir antes de fin de año al Institut National de l'Origine et la Qualité (INAO) que puedan etiquetarse como 'grand cru' los vinos tintos de tres pagos así clasificados: Vorbourg, Hengst y Kichberg de Barr. Y ya se preparan más solicitudes en el mismo sentido. 
 
Famosos en toda Europa en la Edad Media, los tintos de Alsacia regresan del borde mismo del abismo: sólo representaban un 2% de la superficie de viñedo de la región en 1969, pero desde entonces su superficie se ha multiplicada por ocho, y cubren un 10% del total. 
 
La calidad también ha evolucionado, y "cada vez más viñadores producen vinos más musculosos, más estructurados", haciendo macerar más tiempo las uvas, lo que también da más color, y reduciendo los rendimientos, según subraya Bach. 
 
Esa opinión es respaldada por Romain Iltis, mejor sumiller de Francia 2012, quien da un amplio protagonismo a los tintos alsacianos en la carta de la Villa Lalique, restaurante reputado del norte de Alsacia. Según él, "ahora se ha pasado a una nueva etapa", ya que cada vez más productores se están lanzando por el camino que abrieron unos cuantos pioneros en Alsacia. 
 
Entre ellos está Jean-Michel Deiss, quien desde hace 40 años elabora un tinto potente y volcánico de la colina del Burlenberg en Berggheim, terruño calizo bastante similar a los de la Côte de Nuits. 
 
"Mi pasión por el tinto del Burlenberg ha cambiado mi manera de ver la manera de hacer vino", resalta Deiss, quien espera ver una "revolución" cualitativa en Alsacia con el ascenso de los tintos. 
 
"El pinot noir es una casta tan frágil que no soporta la mediocridad", lo cual exige grandes esfuerzos para lograr una producción de calidad", confirma, por su parte, Iltis, el sumiller. 
 
En Muré, los tintos se crían en barricas de roble compradas en Borgoña. "Pero no es obligatorio pasar por roble nuevo, también podemos crear nuestra diversidad", afirma Frick, que prefiere para sus tintos los fudres viejos, los tradicionales de Alsacia, a las barricas nuevas. 
 
"Borgoña sigue siendo el modelo porque allí se hacen los mejores pinots noirs del mundo", opina Iltis, como hacen muchos de los especialistas mundiales del vino. Sin embargo, al lado de los muy buenos pinots noirs de Oregón o de Nueva Zelanda, los de Alsacia "tienen sus cartas que jugar", en su opinión. 
 
Mientras que en Borgoña los vinos de Beaune, de Pommard o de Volnay, diezmados estos últimos años por varios episodios de granizo, "se venden a precios altísimos, hay un sitio para que se metan ahí los tintos de Alsacia", opina Deiss. 
 
"Hay una gran demanda mundial de pinot noir", confirma Véronique Muré, cuyos tintos, desde hace algunos años, se agotan siempre en pocos meses.
 


FUENTE : elmundovino.elmundo.es/